Cultivo

Auto Florecientes

Las semillas autoflorecientes han evolucionado de una forma prodigiosa en los últimos 3 años. Al principio eran miradas conbastante recelo por parte de los jardineros más avanzados. Su mezcla de Ruderalis (sin casi THC) las hacía sospechosas detener colocones bajos. Sin embargo, las maravillas que han ido apareciendo nos hacen pensar que son una alternativa más que razonable al cultivo tradicional. El factor tiempo está de su parte. El tiempo es uno de los elementos más determinantes en el cultivo de marihuana para uso lúdico. Es fundamental por numerosos motivos y razones entre las que habría que destacar el peligro que implica cultivar: legal y personal. Personal porque, como hemos dicho hasta la saciedad, es demasiado frecuente ver cómo tus plantas han desaparecido un buen día. Algún listillo se las ha llevado de tu jardín. Y legal porque … bueno, todos sabemos por qué. Por lo tanto, cuanto menor sea el tiempo de cultivo mejor: menos riesgos correremos de que se dé alguno de los problemas mencionados.

Otro factor directamente relacionado con la discreción es el tamaño. Una planta de 70 centímetros es una planta. Una planta de dos metros y medio es ¡un gigante! Un gigante difícil de ocultar y que desprende un aroma inconfundible a distancia considerable. No son pocos los que han visto su cultivo secreto descubierto y robado por este sencillo detalle. Sin embargo, el tamaño también determina la producción. En este sentido, las autoflorecientes salen perdiendo. No obstante, si bien es cierto que en interior estas semillas no suponen problema alguno en cuanto a productividad se refiere, en exterior sí, ya que dan plantas mucho más pequeñas: de un metro aproximada­mente y en condiciones de cultivo óptimas.

EXPERIENCIA PERSONAL
He cultivado unas autoflorecientes de Buddha Seeds y quisiera contaras mis conclusiones. También cultivé dos variedades de otro banco que no mencionaré ya que comparativamente me parecieron lamentables en todos los sentidos; sobre todo en productividad. Efectivamente mientras las de Buddha medían ya más de 20 centímetros, las demás aún apenas llegaban a los 10. Hice las cosas mal; o no del todo bien. De los errores se aprende incluso más que de los éxitos. Así que, os cuento mi experiencia de la que he sacado conclusiones definitivas. El año que viene conseguiré una cosecha de exterior fantástica si hago parte de lo que he hecho esta temporada y mejoro algunas circunstancias.

Germiné dos semillas el día 1 de junio. Esta fecha no fue al azar. Lo que quería era aprovechar al máximo las horas de luz que me proporcionaba el mes de junio, el más largo del año, y las siguientes semanas. No fue una idea acertada al cien por cien. El próximo año germinaré unos 10 días antes: hacia el 18 de mayo. De esta manera me garantizaré que cuando la planta ya esté fuerte aproveche al máximo el solsticio de verano con sus 15 horas de luz solar. Y no es cuestión de poca importancia ya que, teniendo en cuenta que la planta tiene una vida de unos 75 días, cada hora cuenta, y mucho. Tan pronto germinaron (menos de 24 horas desde su puesta en agua) se pasaron a unas macetitas pequeñas (de medio litro), con tierra de vivero vegetal y enriquecida. Una tierra barata que no está mal en general. Otro gran error. O mejor dicho: dos grandes errores. Fue un error no ponerlas en la mejor tierra del mercado: alguna tipo AII Mix que incorpore todo aquello que el cannabis precisa para su óptimo desarrollo. ¿Por qué es tan importante esto? Sencillamente porque uno de los puntos débiles de las autoflorecientes es su facilidad para la sobrefertilización. Es relativamente fácil quemar sus raíces con exceso de sales metálicas provenientes del abonado líquido. Este riego se evita utilizando un sustrato que tenga incorporados todos los macro y micro nutrientes necesarios. Así de fácil. Es más, lo aconsejable sería incorporarle también algunos nutrientes extras pensados para su fase de floración. Lo mejor sería añadir guano y humus en cantidades generosas. Ahora veremos las proporciones perfectas.

El otro inmenso error fue el hecho de plantar las semillas en macetas de medio litro: demasiado pequeñas. Cuando mis plantas tenían un mes las pasé a macetas bastante más grandes: de unos 15 litros. Una pérdida de tiempo y, sobre todo, un atentado contra la productividad. Lo perfecto hubiera sido haber puesto las semillas directamente en sus macetas definitivas y jamás haberlas movido de allí. Esto es algo que biológicamente tiene su explicación. Por una parte está el “parón biológico” que toda planta o árbol padece tras el trasplante. Es cuestión de días nada más. Pero, insisto, cuando la vida de la planta no excede de 75 días hasta las horas cuentan. y, por si fuera poco, un curro extra que nos ahorramos.

RAíCES INTELIGENTES
Pero quizás el argumento más definitivo sea el “sentido de la vista” del cannabis. Bueno, del cannabis y de todas las especies vegetales. El sentido de la vista del cannabis está en sus raíces. La comunidad científica especializada en botánica no alcanza a comprender cómo las plantas y los árboles no disponen de un órgano como el cerebro siendo seres tan inteligentes. No solo disponen de su propio lenguaje (mediante ultrasonidos y señales químicas), sino que alcanzan a “ver” sus posibilidades de crecimiento desde que son verdaderos bebés. Su vista se lo permite.

Permitidme que haga una pequeña analogía con algo que vi en un jardín de interior no hace mucho. Un amigo tenía una plaga de algún ácaro (no recuerdo cuál) y decidió acudir a la medicina natural. Compró unas larvas de algún depredador (tampoco recuerdo cuál) y las esparció por encima de las plantas afectadas. Nuestra sorpresa vino cuando los animalillos abandonaron los cogollos repletos de comida y se dedicaron a corretear por las paredes del armario de cultivo. ¿No tenían hambre? Estaban de carreras jugando por su habitación? Era desconcertante. Finalmente comprendimos su conducta. Se estaban dedicando a conocer exactamente su hábitat, su espacio de desarrollo vital, antes de lanzarse a comer y procrear. Una vez hubieron tomado contacto con su entorno se lanzaron sobre los ácaros exterminándolos.

Las raíces del cannabis hacen lo mismo. Antes de decidir su patrón de crecimiento, la planta, prácticamente desde su estado de semilla, explora su sustrato. Tanto a calidad como a cantidad se refiere. Partiendo de la premisa de que la calidad sea buena, las raíces analizarán sus posibilidades de desarrollo. Cuanto más espacio, más se programará para cracer. Las raíces tienen todo un mapa del terreno a través de un complejísimo sistema de orga­nismos vivos, micorrizas, insectos, etc. que les permite, aún sin haber tocado físicamente los límites de su entorno, saber hasta dónde llega este; sus fronteras naturales. Fascinante, ¿verdad? El día que se conozca todo el potencial del mun­do verde la ciencia habrá dado un gigantesco paso.

En consecuencia, desde el momento en que depositamos nuestras semillas de autoflorecientes en su sustrato la planta comenzaráa diseñar su futuro morfológico decidiendo el tamaño que será capaz de alcanzar sin comprometer su estabilidad y supervivencia.

Por lo tanto, tan pronto germine­mos nuestras semillas, las pondre­mos en una maceta grande (de unos 20 litros) y repleta de tierra de gran calidad a la que idealmen­te añadiremos ciertos nutrientes como el guano y el humus. Hecho de esta manera, obtendremos plantas de un metro largo de altura capaz de proporcionarnos una pro­ductividad que puede superar los 60 gramos por planta. Las macetas de 20 litros ocupan poco lugar. Si en un jardín, el día 20 de mayo, germinamos 30 semillas que ponemos en dichas macetas podremos obtener 1.800 gramos de buení­sima marihuana en unos 70 días. ¡Bingo! Es perfecto. No se le pue­de pedir más a unas semillas en tan poco tiempo.


OTRAS RECOMENDACIONES
Me gustaría hacer una última re­flexión sobre las macetas que utili­zamos. Cuando se trata de interior, el hecho de usarlas de plástico no supone problema alguno ya que la temperatura es muy agradable y ja­más llega a niveles de excesivo ca­lor. Sin embargo, cuando hacemos exterior las macetas de plástico constituyen un verdadero suplicio para las plantas. Sus raíces se cue­cen literalmente produciendo un enorme estrés térmico. Pensad en vosotros llevando en pleno verano camisas de poliéster o de fibra sin­tética en vez de frescas camisetas de algodón que transpira. Impensable, ¿verdad?

Pues exactamente siente la planta cuando se ve constreñida a unas paredes plásticas que hacen las veces de olla a presión. Todo ese esfuerzo dirigido a recuperarse es esfuerzo que no va dirigido a la producción de resina, de cogollos buenos. Es más que importante recordar que, de todas las espe­cies vegetales, es el cannabis la que probablemente más se haya especializado genéticamente para sus determinadas funciones. Si la planta tiene un cultivo ideal, cuan­do llegue la época de floración se dedicará a florecer con enorme en­tusiasmo ya que aplicará toda su especialización genética a tal me­nester.

Si, por el contrario, tiene que dedi­carse a combatir ciertos problemas su dedicación hacia las flores será menor. De ahí la importancia de procurar la comodidad absoluta de nuestra querida amiga: María.

Por último insistir en que no todos los bancos nos ofrecen la misma calidad de semillas autoflorecien­tes. Tenemos que guiamos por consejos de amigos y referencias por el estilo. Pero si acertamos con la variedad, ¡hemos triunfado!

Conseguimos medio kilo de buena marihuana sin molestamos apenas y en un tiempo récord. Me pregun­to si no estaremos asistiendo al fi­nal de la hegemonía de las semillas convencionales.

  • ¿El principio de una nueva era?
  • ¿El final de las semillas convencionales?

Fuente: Yerba – Texto/Fotos: Marqués de Equilache

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