Cultivo de guerrilla

Crecimiento de la plantación

(Marihuana en exterior, Jorge Cervantes)

Una vez que se solucionaron los problemas de tierra, agua y fertilizante, crecer las plantas es muy fácil.

Revisa las plantas a diario.

Cuando la tierra de los contenedores está seca a 1 centímetro de la superficie, riega hasta que el 10-20% del agua sale por los agujeros de drenaje. Durante los dos primeros meses después del trasplante, las pequeñas plantas sólo necesitan un abonado. Cuando las plantas tenían unos dos meses y estaban creciendo bien, las comenzó a abonar cada cuatro o cinco riegos con un fertilizante líquido a mitad de concentración. Las plantas índicas, mayoritariamente afganas, necesitan menos fertilizante que las sativas, que aguantan más abono. Lava la tierra, religiosamente, una vez al mes.

La marihuana deja de crecer a temperaturas superiores a 28° C y el jardín de la azotea alcanza de sobra este calor. Construye una estructura para sombrear las plantas y pro tegerlas del sol abrasador. El techo y las dos paredes más grandes de la estructura están cubiertas con una malla de tela densa y de poco peso especial para reducir la intensidad de luz. Alrededor del 50% de la luz solar atraviesa la malla y permite un rápido crecimiento. Deja los dos extremos de la estructura abiertos para que la brisa refresque las plantas. También coloca toallas bajo las macetas, y mojalas durante el día. La humedad se evapora y refresca el invernadero de sombra. En los días de más calor colocan un ventilador en un extremo de la estructura.

Como muchos cultivadores inteligentes, llena bidones con agua corriente y los colocas sobre ladrillos, a 1 metro del suelo. Disuelve fosfato amónico en los bidones para que el sodio se deposite (precipite) en el fondo y riega extrayendo el agua por arriba con un sifón. Cuando el bidón está vacío, limpia el sedimento. Después de cada riego, llena los bidones de nuevo para que el cloro del agua se evapore. Manten también un bidón bajo el canalón del tejado para recoger el agua de lluvia. Mezcla el agua de lluvia con el agua de los otros bidones para diluir los sólidos disueltos antes de regar.

Esparce un poco de fosfato amónico soluble alrededor de las plantas antes de regar. Riega cada planta durante dos minutos, hasta que el agua se acumula en el alcorque y disuelve todo el fosfato amónico. Cuando la última planta ha sido regada, comienza de nuevo. Al regar en abundancia, el fosfato amónico se flltra a través de la tierra y desprende el sodio.

”Antes, cuando cavaba pequeños agujeros en el jardín de atrás, tenía que regar cada uno o dos días. Si la tierra se secaba, las raíces se secaban y morían. Felipe me enseñó a hacer hoyos grandes y lle­nados con buena tierra, que mantienen el agua y drenan bien. A las plantas les gustan y a mí también”.

Las plantas de la montaña dependen de la lluvia y de la humedad que se condensa naturalmente en el mulch. La lluvia aquí es esporádica. La cosecha depende de cuánta lluvia haya caído. Un buen año es el que cosechan de 30 a 50 gramos por planta. Los años de poca lluvia, cosechan de l0 a 30 gramos de cogollos secos por cada hembra.

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