Marihuana en invierno

(Fuente de la información: Cañamo)

Diciembre es un mes tranquilo para la mayoría de los cultivadores de exterior. Las bajas temperaturas y las pocas horas de sol dificultan mucho cultivar fuera. Sin embargo, paraq los más fanáticos siempre hay cosas que hacer: cuidar madres, preparar esquejes o sembrar cultivos invernales.

Conservación de las madres

Los esquejes han revolucionado el cultivo de cannabis ya que permiten reproducir casi indefinidamente una planta concreta y obtener nuevas plantas exactamente iguales. Gracias a los esquejes es posible obtener cientos o miles de plantas iguales a partir de una sola semilla. En Holanda, cuna del cultivo moderno de cannabis, la inmensa mayoría de los cultivadores sólo utiliza esquejes y no pierde tiempo germinando semillas y eliminando machos.

Las plantas seleccionadas como madres para la obtención de esquejes se mantienen en crecimiento permanente bajo un fotoperiodo de dieciocho horas. Cada pocas semanas se puede cortar una nueva tanda de esquejes. Según el tamaño de la planta, cada madre puede dar hasta cuarenta o cincuenta esquejes por tanda. Las madres se alimentan con abono de crecimiento. Los esquejes enraizarán mejor si las plantas madres no se abonan la última semana antes de cortarlos. Justo después de sacar una tanda de esquejes hay que dar un buen abonado a las madres. Si se mantiene siempre bajo un fotoperiodo de crecimiento la planta madre no florecerá ni morirá y continuará creciendo indefinidamente. Si las condiciones son ideales puede vivir muchos años pero lo habitual es que vaya perdiendo vitalidad tras muchos cortes de esquejes. Cuando la madre empieza a tener dificultades para seguir produciendo esquejes al mismo ritmo se sustituye por uno de sus esquejes.

Los esquejes son siempre iguales que la madre. Esto quiere decir no sólo que el tipo de colocón será igual sino también que tardarán exactaménte lo mismo en florecer y madurar que la madre y compartirán con ella todas sus virtudes y defectos. Si la planta produce grandes cogollos, los esquejes también lo harán. Si su resistencia a las plagas es baja, la de los esquejes también lo será.

Sistema híbrido de semillas y esquejes

Se puede combinar el cultivo a partir de semilla y la producción de esquejes para, sin tener que mantener plantas madres todo el año, poder cultivar un gran número de plantas a partir de unas pocas semillas. El sistema consiste en germinar las semillas antes de lo normal para que puedan crecer y convertirse en plantas madres de las que sacar esquejes. Las semillas feminizadas permiten evitar los machos y asegurarse de que todos los esquejes que se obtengan sean hembras. Lo más fácil es sembrar las semillas en diciembre o enero y mantenerlas en crecimiento alargando el fotoperiodo con una lámpara para que reciban dieciocho horas diarias de luz. Hay que despuntar las plantas cuando tengan un palmo de altura para que se bifurquen y volver a despuntarlas una o dos veces más para que aumente el número de ramas, y por tanto de futuros esquejes. Es importante abonar frecuentemente las plantas para que crezcan rápido y sin carencias. De cada planta se podrán obtener un buen número de esquejes que se sacarán al exterior a partir de abril (no conviene hacerlo antes ya que por la diferencia de fotoperiodo podrían empezar a florecer antes de tiempo).

Cultivos de invierno

El cannabis crece bastante bien siempre. que tenga sol y la temperatura no baje de unos 10º C. En gran parte de la costa mediterránea del sur de la Península ibérica y en las Islas Canarias estas condiciones se dan a lo largo de todo el año. La temperatura de estas zonas permite cultivar marihuana durante el invierno. En lugares más fríos es necesario un invernadero o una terraza acristalada con mucho sol. Esta última opción resulta muy adecuada ya que el interior de las casas mantiene durante el invierno una temperatura muy adecuada para el crecimiento de la marihuana. Con un poco de dedicación es posible obtener una buena cosecha aunque nunca será igual que la de verano.

El cultivo en meses fríos tiene importantes ventajas y algunos inconvenientes. Para empezar no hay insectos, caracoles, gusanos u otras plagas. Lo mismo sucede con los ladrones de cosechas, ni siquiera las buscan en esta época. El mayor inconveniente es que las bajas temperaturas y la mayor humedad favorecen la aparición de hongos y mohos por lo que se deben extremar los cuidados especialmente durante la floración. Si los cogollos se mojan se enmohecen más fácilmente.

Combatir el frío

La temperatura es un factor crítico para cultivar en invierno. Aunque las plantas no mueren mientras la temperatura se mantenga por encima de 0º C, crecen muy despacio a menos de 10º C. Si las marías están plantadas en el suelo no es fácil darles calor, en cambio, si crecen en macetas se pueden aislar del frío. Se puede conseguir de diversas maneras. La más simple consiste en elevar las macetas del suelo colocándolas sobre un trozo de madera o, mejor aun, de corcho. La madera y el corcho evitan que el tiesto se enfríe demasiado al estar en contacto con el suelo. Es recomendable usar macetas negras ya que absorben mejor el calor del sol. En algunos growshops se pueden encontrar macetas de porexpan, ese corcho blanco que se usa en los embalajes. Estas macetas son aislantes y ayudan a mantener las raíces calientes cuando hace frío. Si las raíces del cannabis están calientes, la planta soporta batante bien el frío en las ramas y las hojas.

Invernaderos

En un invernadero sin calefacción la temperatura sube bastante durante el día, cuando el sol lo calienta, sin embargo, por la noche difícilmente se conseguirán más de cuatro o cinco grados más que en el exterior. Para cultivar cannabis en invernadero en aquellos lugares donde las temperaturas bajen mucho por las noches será necesario calentarlo de alguna manera. Se puede calentar con una estufa de butano que, además, aportará CO2, al ambiente, algo muy positivo para las plantas. El butano es efectivo pero caro, una bombona no durará más de una o dos semanas. Otro sistema es fabricar una estufa de leña con un bidón de hierro y unos tubos de chimenea que expulsarán el humo al exterior después de haber recorrido toda la longitud del invernadero. Si se fabrica bien de modo que se pueda cerrar el tiro para que la leña se consuma lentamente, puede ser uno de los sistemas más prácticos y baratos, siempre que el cultivador pueda conseguir la leña a buen precio o recogerla él mismo del bosque.

El sistema más eficaz, práctico y barato que he encontrado para mantener caliente un invernadero es conectarle la salida de aire de un cultivo de interior. En todos los cultivos de interior hay un extractor que va renovando el aire. Este aire, sale a buena temperatura y si se introduce en el invernadero puede calentarlo gratis. Normalmente se configurará el sistema para que las luces del cultivo de interior estén encendidas por las noches, es decir, cuando más frío hace fuera.

Sistema mixto de interior y exterior

La cosecha invernal puede realizarse a partir de semillas o bien con esquejes. Si plantamos de semilla es más fácil germinarlas dentro de casa a finales de diciembre o principios de enero y sacarlas fuera cuando tengan uno o dos pares de hojas. Partiendo de esquejes no es necesario sacarlos al exterior hasta febrero. Las plantas sólo podrán sacarse al exterior en aquellas zonas donde las temperaturas no bajen mucho por la noche. Si hay heladas o temperaturas cercanas a los cero grados las plantas no sobrevivirán y, si lo hacen, crecerán muy lentamente.

En zonas muy calidas como la costa sur de la Península Ibérica o las Islas Canarias se puede cultivar en invierno en exterior sin ninguna protección pero en el resto del país será necesario proteger las plantas con un invernadero o mantenerlas en el interior de un terraza acristalada o junto a una ventana.

Las plantas de semilla germinadas en enero comienzan a crecer y enseguida notan que los días son cortos y las noches largas, igual que en otoño, por lo que florecen tan pronto como su tamaño se lo permite. En algunas variedades las plantas acaban con apenas un palmo de altura lo que da una cosecha muy pequeña. Sin embargo, con luces añadidas o haciendo el crecimiento en interior es fácil lograr plantas más grandes y mayor producción.

En el cultivo con esquejes el tamaño final de la planta dependerá del tamaño que tenga el esqueje cuando lo saquemos al exterior. Los esquejes, especialmente si están sacados de una madre que vive con un fotoperiodo constante de 18 horas, suelen florecer en cuanto salen fuera y notan el cambio de horas de luz. Por tanto, si queremos que se hagan grandes hay que hacerlos crecer en interior antes de ponerlos fuera.

Alargamiento del foto periodo

Cualquier lámpara sirve para alargar el fotoperiodo si lo que se busca es únicamente evitar la floración de las plantas. En cambio, si las luces deben también ayudar al crecimiento de las plantas habrá que utilizar preferiblemente lámparas de alta presión aunque se pueden lograr resultados aceptables con las lámparas de LEDs o los fluorescentes de bajo consumo siempre que sean potentes. Con lámparas de alta presión o fluorescentes de al menos cien vatios los cogollos serán mucho más densos que. con fluorescentes poco potentes o bombillas tradicionales.

Autoflorecientes en invierno

Las variedades autoflorecientes realizan todo el ciclo de crecimiento y floración en un tiempo record que suele oscilar entre dos y tres meses. Suelen ser plantas pequeñas cuya producción depende de la cantidad de horas de sol que reciben. En invierno, si se cultivan sin alargar el fotoperido acabarán de florecer con un tamaño mínimo y una producción realmente ridícula (unos pocos gramos). Sin embargo, cuando se alarga el fotoperiodo añadiendo luz artificial y se controla la temperatura para que se mantenga por encima de quince o veinte grados durante el día y no baje mucho por la noche la producción aumenta bastante. Gracias a su pequeño tamaño resulta fácil construir invernaderos para ellas o moverlas dentro de casa cada día cuando se hace de noche para alargar el fotoperiodo y mantenerlas calientes. Otra ventaja de su pequeño tamaño es que permite cultivarias en el alfeizar de una ventana, algo casi imposible con cualquier otra variedad.

Las variedades autoflorecientes realizan todo el ciclo de crecimiento y floración en un tiempo record que suele oscilar entre dos y tres meses

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